Cerramos el año con algunas reflexiones estratégicas en los modelos de contrato de gestión hotelera
La quiebra de Sonder y el límite del alquiler garantizado en el sector hotelero
El caso pone de relieve los riesgos de contratos diseñados para un ciclo excepcional y que hoy pueden comprometer tanto la rentabilidad como el valor del activo
La reciente quiebra de Sonder no puede interpretarse como un incidente aislado. La caída del operador estadounidense refleja tensiones acumuladas en un modelo que proliferó durante los años de recuperación postpandemia: contratos de alquiler hotelero con rentas fijas crecientes, sustentados en hipótesis de demanda excepcional, financiación accesible y fuerte presión por captar activos.
Entre 2021 y 2023, esos supuestos parecían razonables: turismo en plena aceleración, subida de tarifas, abundancia de liquidez e inversión. Pero el ciclo ha cambiado. El sector entra en una fase de normalización: la demanda se estabiliza, los precios dejan atrás el crecimiento extraordinario y los costes estructurales —financiación, personal, energía— se mantienen elevados. En este contexto, muchas rentas fijas empiezan a mostrar su límite.
La “seguridad” del alquiler garantizado demuestra ser solo aparente
Durante años, el alquiler con renta garantizada se ha presentado como la opción más conservadora para el propietario. Sin embargo, el caso Sonder pone de manifiesto que esta seguridad no siempre resiste un cambio de ciclo.
Cuando el operador entra en insolvencia:
- la renta deja de pagarse,
- el activo puede quedar atrapado en procesos concursales prolongados,
- y, mientras tanto, aparece un riesgo adicional: desposicionamiento del producto, deterioro de marca, pérdida de competitividad y erosión del valor de la inversión.
En la práctica, el riesgo que se pretendía eliminar se concentra en un único punto crítico: la solvencia financiera del operador. Cuando esta falla, el impacto no es solo financiero, sino patrimonial y estratégico.
El problema no es el alquiler como instrumento, sino su aplicación bajo supuestos de mercado que ya no existen y sin estructuras que permitan absorber un cambio de ciclo.
No solo caídas: también preocupa quien sobrevive sin margen
Más allá del caso Sonder, existen operadores que continúan en el mercado, pero con modelos extremadamente ajustados, dependientes de condiciones de mercado que ya no son las actuales. Rentas diseñadas para tiempos extraordinarios obligan a explotaciones con márgenes mínimos.
Para el propietario, la reflexión es clara: una renta “alta” no siempre es la mejor renta. La renta sólida es la que combina retorno atractivo con viabilidad operativa a largo plazo. Rentabilidades apoyadas en modelos sin margen no representan estabilidad, sino fragilidad ante cualquier cambio de ciclo.
Conviene, sin embargo, evitar una lectura simplista. Este no es un debate sobre operadores “fuertes” o “débiles”, ni sobre compañías consolidadas frente a nuevas plataformas. El problema de fondo no está en la capacidad operativa en sí, sino en estructuras contractuales diseñadas para un ciclo excepcional y trasladadas, sin ajustes, a un mercado que hoy funciona bajo reglas distintas.
El foco real: el contrato, más que el operador
El debate no debería centrarse únicamente en la solvencia de determinados players, sino en la arquitectura contractual que define la relación entre propietario y gestor.
Incluso operadores eficientes pueden quedar atrapados en rentas sobredimensionadas, escalados poco realistas y expectativas de crecimiento que no se materializan.
Un contrato mal diseñado puede transformar un activo sólido en un riesgo financiero. Un contrato alineado con el ciclo y la realidad operativa preserva valor y capacidad de reacción.
El retorno del control como garantía
En el escenario actual, la pregunta clave ya no es quién garantiza una renta fija, sino quién garantiza el control sobre el activo, la estabilidad del negocio, la protección del valor patrimonial y una rentabilidad alineada con la evolución real del mercado.
Los contratos de gestión hotelera (HMA) ganan peso en este nuevo contexto. Permiten al propietario mantener control económico, asegurar visibilidad sobre el negocio, proteger el posicionamiento del activo y, además, maximizar la rentabilidad al alinear el desempeño operativo con el retorno de la inversión.
En estos modelos, el riesgo no se “oculta” bajo una renta fija, sino que se comparte y se gestiona.
Un punto de inflexión para el sector
Más que una alarma, la quiebra de Sonder debería interpretarse como una señal de madurez del mercado. El sector entra en una etapa en la que vuelven a ser esenciales la disciplina financiera, los contratos realistas, la alineación de intereses y la protección del valor a largo plazo.
En este nuevo ciclo, el alquiler garantizado deja de ser sinónimo automático de seguridad. Los propietarios que revisen hoy sus estructuras estarán mejor posicionados mañana.
Porque, en hotelería, la verdadera garantía no es solo una renta prometida, sino un modelo viable, sostenible, rentable y bajo control.
En hotelería, la seguridad no se firma: se gestiona.
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