domingo, 17 de mayo de 2026

ECONOMÍA DEL TURISMO. España. Análisis de FITUR.

 La izquierda, FITUR y el “turismo de calidad”

La millonaria inyección de dinero público en el sector está financiando la apuesta por un turismo dirigido cada vez más elitista.


Cada enero, FITUR vuelve a convertirse en el gran escaparate del turismo global. Promesas de crecimiento infinito, nuevas destinos y propuestas, y políticos de todos los colores y administraciones desfilan por los pabellones de la que es una de las mayores ferias internacionales del sector. Sin embargo, lo que se muestra en Fitur está cada vez más alejado de la realidad cotidiana de la mayoría de la población. Así lo advierte Ernest Cañada, investigador en temas de turismo y uno de los fundadores de la asociación Alba Sud, para el que el modelo turístico que se promociona en IFEMA es crecientemente insostenible en términos sociales y climáticos.

España se acerca ya a Francia en atracción de visitantes internacionales, pero ese éxito estadístico tiene una Cara B: el turismo es cada vez más caro y excluyente. Los precios de los hoteles han subido un 56% desde la pandemia, e irse de vacaciones es cada vez más difícil para los hogares de clase trabajadora. Según el Instituto Nacional de Estadística, aproximadamente un tercio de los españoles, el 33,4%, no puede permitirse una semana de vacaciones fuera de casa al año debido a factores económicos. El dato supera en más de seis puntos la media de la Unión Europea, el 27 %.

La respuesta dominante a la masificación de los destinos, apunta Cañada, está siendo apostar por el “turismo de calidad”, es decir, menos turistas, pero más ricos. Una huida hacia adelante que deja fuera a amplias capas de la población y profundiza en las desigualdades sociales, ya que los destinos turísticos se convierten en más caros para sus habitantes.

“Las administraciones públicas están destinando grandes cantidades de dinero público a crear destinos atractivos para ese turismo de élite. Es una carrera en la que prácticamente todos los territorios se han subido, compitiendo entre sí por atraer a un visitante cada vez más exclusivo. El resultado es una industria turística que crece sobre bases climáticas y sociales cada vez más frágiles, mientras expulsa población local, encarece la vivienda y precariza el empleo” explica Cañada, que recuerda que no todo el mundo puede ganar en esta competición, porque sencillamente: “No hay ricos para todos”.

Frente a este escenario, la izquierda llega a las nuevas problemáticas del turismo con un discurso sorprendentemente débil en un país donde el turismo tiene un peso estructural en la economía.

Según Cañada, más allá de adjetivos como “turismo responsable”, “turismo sostenible” o, más recientemente, “turismo regenerativo”, hay muy poca propuesta concreta, y un seguidismo casi total de las demandas de los empresarios.

Stand de Asturies-

Una política turística de izquierdas debería partir de un cambio de enfoque fundamental: definir a las personas —y no al capital — como el sujeto central de la política turística, del mismo modo que debería ocurrir en la sanidad o en la educación. “Eso implica poner límites claros en los territorios saturados. Ciudades como Barcelona no necesitan ni más viviendas turísticas ni más campañas de promoción internacional” expone el investigador catalán.

¿Qué hacemos con la industria y el empleo?

“Es necesario reconvertir el sector hacia un turismo de proximidad, con menos impacto ambiental y precios populares. Hoy, los bonos de transporte público o los viajes del IMSERSO son casi la única política de turismo social existente, y en este caso ni siquiera llegan a los jubilados con las pensiones más bajas”. Recuperar iniciativas como la ciudad de vacaciones de Perlora —pero multiplicadas por veinte— no es nostalgia, es una propuesta de justicia social, explica Cañada, que ha investigado las infraestructuras de turismo asequible y popular que existen en países como Argentina o Brasil, en unos casos ligadas al Estado, y en otros a los sindicatos.

¿Es extensible este decrecimiento o reconversión a todas partes? “Existen territorios, especialmente en la España rural o vaciada, donde puede haber margen para crecer turísticamente. Pero incluso ahí es imprescindible definir límites y objetivos claros: saber hasta dónde se quiere llegar y para qué. El crecimiento por el crecimiento solo reproduce los mismos problemas en nuevos lugares”.

Una política turística de izquierdas no puede ignorar tampoco las condiciones laborales del sector. “Hace falta reforzar la inspección laboral y garantizar derechos laborales y sindicales en una industria que se sostiene, en gran medida, sobre salarios bajos y sobrecarga de trabajo”. Cañada considera también importante estar atentos a cuestiones con las violaciones de los Derechos Humanos. Los proyectos de colonización turística en el Sahara Occidental, y ahora también Gaza, son ejemplos de la voracidad de un sector al que va tocando poner límites.

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